Las conservas se remontan en el tiempo como un sistema utilizado garantizarse los alimentos de temporada a lo largo de todo el año. Hace relativamente poco tiempo era una práctica generaliza, en especial, en los pequeños municipios en los que casi todos los vecinos contaban su propio huerto.
Ese recuerdo perduraba en la memoria de Alba, una joven de Arriate cuya familia había realizado esa técnica en el pasado. Ahora, junto a su pareja, Arturo, ambos han puesto en marcha El Perol en el lugar que ocupó la cocina del restaurante que sus padres regentaron en la pedanía rondeña de Los Prados.
En este pequeño obrador de tan solo 11,90 metros cuadrados han puesto una enorme ilusión por hacer realidad su particular proyecto para la realización de conservas artesanales que recurren a aquellas viejas técnicas pero mejoradas con los conocimientos científicos actuales. Una producción sin conservantes químicos que garantiza la vida de estos alimentos durante un mínimo de dos años.

Alba y Arturo decidieron emprender esta aventura tras regresar a su tierra después de estudiar y desarrollar sus carreras profesionales fuera de la Serranía. Ella como traductora y él como periodista.
Tras conocerse e iniciar su relación también descubrieron que tenían en común su forma de ver vida relacionada con una economía circular y en la que se aprovechen los recursos que ofrecen en medio en el que vives. Para entonces Arturo ya había tenido contactos con el grupo Extiércol de Cuevas del Becerro que se dedica al cultivo ecológico de productos de huerta.
El obrador más pequeño del mundo
Así nació la semilla que posteriormente daría origen a El Perol. Primero como una actividad de huerta y posteriormente con la puesta en marcha de su obrador en el que ese utensilio de cocina que da nombre a la empresa es un elemento esencial.

Nada más acceder a las instalaciones lo primero que nos recibe es un perol con una calabaza cocinando a fuego lento para preparar la próxima conserva. En este caso se trata de un encargado de una agricultor malagueño para transformar los productos se su huerta. Y es que además de su gama propia también hacen maquilas para otros productores profesionales o para vecinos que tengan su huerta y quieran crear sus conservas.
Eso sí, el camino hasta llegar aquí no fue fácil. Primero tuvieron que formarse para aprender a utilizar esta técnica con seguridad en las instalaciones del IFAPA en Palma del Río (Córdoba). Luego se enfrentaron a la burocracia antes de poder iniciar su actividad el pasado mes de agosto. «Aquí hay mucha ciencia, nosotros utilizados termómetros y peachímeros para darle el tratamiento exacto y que tampoco tengamos un exceso de cocinado», señala Alba.
Entre sus productos se mezclan recetas tan tradicionales como un sofrito, tomate frito o el pisto con otras como la crema de pimiento y almendra, hummus, paté de berenjena con albahaca o crema de membrillo, entre otras elaboraciones. Y es que también buscan darle una nueva vida a productos como este último que prácticamente han sido desechados por el mercado.

En cuanto a la procedencia de la materia prima, una parte la producen ellos mismos en su huerta. El resto procede de pequeños productos que comparten filosofía de producción en la Serranía. Y es que este es otro de los aspectos fundamentales, adquirir todo aquello que no puedan producir en proveedores lo más cercanos posible.
Para ello han realizado una búsqueda de recetas antiguas y otras a las que han dado un pequeño giro y otras que son propias para buscar atender la demanda de consumidores que apuestan cada día más por el consumo de vegetales y frutas.